lunes, 9 de marzo de 2015

De emigrantes

Habían pasado 40 enormes años y el tiempo parecía haber quedado encerrado en una pequeña cajita de marfil para Manuela. Como si fuera ayer, todavía sentía aquel inhibidor temblor de piernas en la estación de tren de su pueblo. Nunca supo descifrar si su origen era fruto del fresco que arreciaba en aquella mañana de noviembre o si, más bien, sería el letargo que, sin pedirle permiso, le venía abatiendo el ánimo durante las últimas semanas.